
Infame
herencia de sumisión cristiana en la costilla de Adán, sombría y a merced de
ti. Ni de ti ni de dios, somos de la tierra, tierra madre que cosecha dignidad
y transforma lenguas retorcidas de odio por la permanente resistencia al
silencio. La máquina de algodones lunarios en donde nos regocijamos permite a
la memoria sacudir el olvido. Memoria bendita que posibilita nuestra
reconstrucción para seguir nuestros pasos y movimientos con destino a la
permanente dignidad que a diario brota de nuestra piel
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